¿Rosalía o Breaking Rust? El cuarto disco de la española (Lux) es una de las tres noticias que sacuden la industria musical. Otras dos tienen que ver con el tsunami de las pistas generadas por la IA.
Lux está rompiendo récord a la antigua usanza (42,1 millones de reproducciones en Spotify el día de su estreno, algo nunca visto para una artista en español, destaca la plataforma).
(Es buena noticia, aunque siempre nos preocupa que los mega éxitos monopolicen el mercado y la atención del público. En Algo, privilegiamos el “digging” o sea la búsqueda de artistas y creadores más confidenciales).

Por lo menos Rosalía es una artista humana. Lux es el fruto de su colaboración con Björk y su diálogo post mortem con Camarón de la Isla, el divo del flamenco quien falleció en Badalona tres meses antes de que naciera ella en Sant Esteve, a 30 km de distancia.
¿Sería la Motomami la reencarnación de Camarón? Dejamos esta pregunta estrafalaria a los aficionados de ciertos géneros de la literatura fantasy. Lo que se sabe es que su don innato (otro misterio tan impenetrable como el renacimiento de las almas), Rosalía lo perfeccionó de adolescente en talleres y escuelas de música.
Heredó un acervo musical que ahora está sublimando, como todos los artistas dignos de este nombre.
En cambio, Breaking Rust nunca escuchó a Johnny Cash. La nueva estrella de la música country no existe y tiene 2,5 millones de oyentes mensuales en Spotify. Su canción “Walk My Walk” encabeza la lista de las canciones más vendidas en la categoría del género country, según Billboard.
Segunda noticia.
FENÓMENO MASIVO
También cabe mencionar a Xavia Monet, “primera artista de IA en obtener suficiente difusión radiofónica para debutar en una lista de Billboard”, indica la famosa revista que mide la popularidad de los artistas.
Dicen también que Xavia Monet Jones firmó un contrato con el sello Hallwood Media, por tres millones de dólares.
El tsunami está sumergiendo las plataformas de streaming. El 34% de los contenidos publicados por Deezer (o sea 40.000 pistas por día) “son totalmente generados por la inteligencia artificial”, anunció esta semana el competidor francés de Spotify. En enero de este año, Deezer detectaba apenas 10.000 obras totalmente “AI generated” al día.
Tercera noticia.
LAS START UPS
El crecimiento exponencial se debe a la proliferación de plataformas de generación de música, voces, audios o sonidos (Suna, Udio, Mureka, Boomy, Beatoven, ElevenLabs…).
El uso es bastante fácil. En Algo le enviamos un prompt básico a la interfaz de Suno tipo: “por favor, escríbame una canción al estilo de Rosalía, cuyo título es Algo está pasando”. Sin más instrucciones, la plataforma nos propone en segundos varias opciones como esta:
Suno y Udio entrenan sus modelos de generación de música con el acervo ya existente, para reconocer patrones, hacer predicciones y tomar decisiones (en el caso de la música, identificar y reproducir los géneros y sus peculiaridades, por ejemplo la estructura básica del blues de doce compases).
Suno explica que sus «datos de entrenamiento incluyen prácticamente todos los archivos de música de calidad razonable accesibles en internet, respetando los muros de pago (…)”.
Hasta Open AI estaría preparando una herramienta que podría crear música a partir de instrucciones (prompts) de audio o de texto. “Según informó The Information, OpenAI ha estado trabajando con estudiantes de la prestigiosa escuela de música Juilliard, quienes anotan partituras para crear datos de entrenamiento”, informa la revista especializada MusicBusinessWorldwide.
El mercado de la música generada por la IA atrae talentos y capitales. Los fundadores de Suno se presentan como “alumni de empresas tecnológicas pioneras como Meta y Tik Tok’“. También anunciaron en julio la contratación de Paul Sinclair, quien trabajó 20 años en Warner music group. Lo contrataron como director musical (chief music officer) para integrar “las herramientas impulsadas por la IA en el proceso de creación de canciones”.
REACCIÓN DE LA INDUSTRIA
El mercado es muy atractivo. “Los pagos totales por música en Spotify han aumentado de mil millones de dólares en 2014 a diez mil millones en 2024”, comentó en septiembre el líder global en materia de streaming.
“Sin embargo, estos grandes pagos atraen a quienes hacen trampa”, subrayó Spotify, que intenta adaptar su modelo de negocio a las revoluciones tecnológicas.
No se trata de prohibir la oferta de música creada al 100% por la IA, que ya genera mucha demanda y mucho tráfico. Se trata de defender los derechos patrimoniales de los artistas.
Spotify anunció medidas “para erradicar el spam, la suplantación de identidad y el engaño en la era de la IA”. “Solo en los últimos 12 meses, un período marcado por la explosión de las herramientas de IA generativa, hemos eliminado más de 75 millones de pistas de spam de Spotify”, asegura Spotify.
Por su parte, la rival francesa de Spotify, Deezer, anunció en enero el lanzamiento de una herramienta para “detectar y etiquetar los contenidos 100 % generado por la inteligencia artificial”.
“Retiramos el contenido 100 % generado por la IA de las recomendaciones algorítmicas y no las integramos en las listas de reproducción editoriales. De esta manera, el impacto sobre el fondo de regalías es mínimo”, afirma el presidente de Deezer Alexis Lanternier.
DEMANDAS Y NEGOCIACIONES
En julio de 2024, la Recording industry association of America (RIAA) de Estados Unidos demandó a Suno y Udio por “violación masiva de derechos de autor”.
Suno como Udio reconocieron que usan material protegido por derechos de auto propiedad de los sellos discográficos Sony Music Group, Universal Music Group y Warner Music Group. Pero lo usan respetando el principio del «uso legítimo» que está al centro de la ley de derechos de autor en Estados Unidos.
Además, la justicia estadounidense reafirmó en julio la vigencia del “uso legítimo” en materia de inteligencia artificial generativa. Un juez de California desestimó la demanda de tres autores contra Anthropic por piratear sus libros. Este juez consideró que el uso de obras protegidas para entrenar un modelo de IA constituye un uso razonable y legítimo del acervo.
Un año después, los “majors” cambiaron de estrategia. Decidieron negociar con las plataformas de IA que generan músicas, voces, audios o sonidos “Las conversaciones buscan resolver las demandas entre ambas partes. Las compañías discográficas buscan obtener regalías y participación accionaria en Udio y Suno, empresas que utilizan inteligencia artificial generativa para la creación musical”, resume Bloomberg.
EDUCACIÓN DEL USUARIO
El 97% de las personas no pueden distinguir la música enteramente generada por la IA de las obras creadas por la sensibilidad humana, según Deezer. Y la mayoría se siente molesta. Ocho de cada diez personas piensa que la música generada por la IA tiene que ser identificada como tal.
Tal vez se necesita más educación del oído. La música entrenada por los algoritmos de la IA “tiene un cierto aire estéril, un vacío existencial», explica Ahmed Kordofani, un músico londinense que utiliza la IA. Muchas canciones “son monótonas y carecen de estructura, sin un gancho, una progresión ni un clímax discernibles. A veces, la IA no distingue el puente del estribillo», afirmó, entrevistado por The NewYorker.
La música generada por la IA conviene para usos particulares (estudiar, jugar), estima el directivo de Spotify en su conversación con el Medium.
https://kantrowitz.medium.com/how-spotify-will-handle-and-harness-generative-ai-ccd9ec89043d
Pero la música auténtica sigue indispensable, según él: “Mucha gente usa la música para construir su identidad (…) No creo que eso funcione con música generada por IA, porque no hay nadie detrás. No creo que Taylor Swift vaya a ser reemplazada por una IA”.